martes, septiembre 08, 2009

La corrupción se mama de chico

No fue extraño encontrar destrás de Gerardo y Antonio, obras ilegales de sus padres constructores pero aunque la corrupción es hereditaria, el primer culpable es la justicia...



Uno de los problemas de nuestro país es que la justicia es corrupta, o sea, que no hay justicia, no hay ley, la ley es burlada y procura el placer, el hedonismo y los negocios de aquellos que detentan el poder.

Considero que la declinación de la ley en el seno de la familia, siendo ésta una célula de la que se compone el tejido social, se transmite a la sociedad toda. Podemos preguntarnos si el problema viene de las esferas del poder y embebe el tejido social, o si es éste el que lleva la corrupción al poder. Pienso que la responsabilidad es de los “padres”, los hijos tienen su ejemplo y en la medida en aquellos no ejercen la legalidad, los hijos se encuentran sometidos al principio del placer y no del deber. ¿Qué confianza podemos depositar en nuestros gobernantes si la experiencia nos enseña que no se sujetan a la ley que exigen cumplir? Una vez instalada esta situación se establece un juego dinámico entre un nivel y otro realimentándose.

Si en una sociedad la ley cae, es porque las figuras encargadas de legislar están ausentes. Si tenemos la corrupción instalada desde lo alto del poder, si quien preside, si aquellos que tienen que ser padres de la ciudadanía, aquellos que tienen que erigirse como ejemplo son corruptos y no obedecen a la ley, todo el tejido social se baña con la misma característica.

Las instituciones -como equivalente paternos- deben proteger, aún a pesar del malestar que generen, del caos y del goce que imperaría sin la dimensión legislante que imponen. Sin ellas el sujeto queda atrapado en un deseo sin ley, que lo conduce al grado cero de una subjetividad sin un marco sublimatorio en el cual desplegarse.

En nuestro país no hay legalidad y eso lo prueban los innumerables delitos que se cometen desde el poder y que no son sancionados pues los encargados de hacerlo están en complicidad con quienes los cometen. No hay justicia o por lo menos no hay una justicia equitativa que condene tanto a los poderosos como a los que no lo son.

Si los encargados de mostrarnos un camino, si los padres o los prohombres que deberían ser quienes nos gobiernan ofrecen un modelo corrupto y la teoría es de “sálvese quien pueda” ¿cómo no va a proliferar el delito en todos los estratos sociales? Si las figuras con las que nos deberíamos identificar se encuentran comprometidas en un asalto al poder y a una concepción hedonista, narcisista, del ejercicio del mismo ¿cómo podemos pedir a los gobernados una conducta ética, legal?