Geriátricos: la otra Caja de Pandora que nadie quiere abrir. Coimas y denuncias en medio de serias irregularidades
Un año y medio atrás, un informe en América Noticias y A24 anunciaba: Isidro Casanova / Geriátricos: una burla a la clausura. La periodista sentenciaba: No cumplía con las mínimas condiciones de seguridad.
Fue difícil ubicar a la residencia geriátrica. No solo porque la dirección corresponde a un lugar que parece estar abandonado y encima no tiene en el frente del edificio y en lugar visible, una chapa o letrero de 0,30 por 0,30 metros —como mínimo— que especifique la actividad que desarrolla el establecimiento y el nombre de sus propietarios (Art. 8°, Ordenanza Nº 7.368) sino porque además, había cambiado su nombre y tampoco figuraba.
El boca a boca nos llevó a tocar timbre en lo que parecía un hospital abandonado. Nos recibe Julio, se presenta como el encargado del lugar quien nos invita a pasar. Ese día solo tenía una habitación disponible para ofrecernos. Era pequeña, tenía una ventana con vista a la calle y sin cortina, con dos camas simples —una ocupada por una abuela— y con un baño contiguo al que le faltaba el asiento/tapa de inodoro y la tapa de botón para depósito de agua, además de presentar un nulo aseo.
“Cada habitación tiene su bañito, que es muy importante. Todo de a dos (camas) las piezas” —relataba Julio durante el tour presentación aunque más adelante se contradice al presentar otra habitación para una sola persona con salida al patio pero con otro precio y hasta recuerda posteriormente: “Tenía una cama matrimonial el año pasado”. Ante la contradicción, en vano buscamos en las habitaciones la numeración correlativa con indicación en su interior de la cantidad de personas que pueden alojarse. (Art. 75º, Decreto 3280/90).
Al recorrer las instalaciones, nuestra marcha tropieza con la rejilla de desagüe del piso rota pero Julio anuncia su reposición. Advertimos banquetas en los pasillos con el tapizado roto y la instalación eléctrica con cables expuestos entre las irregularidades a simple vista. También faltaban las cortinas en las habitaciones.
Nada parecía cumplir la normativa correspondiente ya que en el lugar, los muebles, colchones, ropa de cama, vajilla y demás deben estar en perfectas condiciones de higiene y conservación como así también artefactos sanitarios (Art. 14°, Ordenanza Nº 7.368). Además, una estufa a gas amurada a la pared del comedor estaba provista de una manguera al alcance de los residentes (Art. 87°, Decreto Nº 3280/90).
El único lugar al que no tuvimos acceso fue la planta alta ya que estaba llamativamente cerrado el paso en el inicio de la escalera. “Arriba están los discapacitados” —se adelanta Julio, ante nuestra curiosidad. ¿No es más difícil para bajarlos? —preguntamos. “No, porque ya quedan arriba”—responde. Pero aclara que arriba hay baños y se los higieniza también.
Lo cierto es que la escalera debe mantenerse exenta de todo aquello que impida la libre circulación (Art. 88°, Decreto 3280/90), los peldaños de las escaleras no estaban recubiertos de material antideslizante (Art. 7°, Ordenanza Nº 7.368/ Art. 86º, inciso a; Decreto 3280/90) y teniendo en cuenta que en todo edificio de más de una planta que no cuente con medios mecánicos de elevación, todos los internados que requieran para su movilidad sillas de ruedas, muletas, etc., no podrán ser alojados en los pisos altos (Art. 87° inciso e, Decreto 3280/90) no se comprendía la respuesta.
Lo cierto es que la escalera debe mantenerse exenta de todo aquello que impida la libre circulación (Art. 88°, Decreto 3280/90), los peldaños de las escaleras no estaban recubiertos de material antideslizante (Art. 7°, Ordenanza Nº 7.368/ Art. 86º, inciso a; Decreto 3280/90) y teniendo en cuenta que en todo edificio de más de una planta que no cuente con medios mecánicos de elevación, todos los internados que requieran para su movilidad sillas de ruedas, muletas, etc., no podrán ser alojados en los pisos altos (Art. 87° inciso e, Decreto 3280/90) no se comprendía la respuesta.
En el fondo, un patio amplio garantizaba un poco de verde y aire. Julio pronosticó que iban a colocar una media sombra para limitar el espectro lumínico del sol. Teniendo en cuenta que estos establecimientos deben contar con espacios verdes de una superficie mínima de 10 m². (Art. 24°, Ordenanza Nº 7.368) al menos algo, seguro estaba en regla.
En el lugar se veían pocos abuelos. “Hasta las cuatro de la tarde todos duermen la siesta” —respondió el encargado. Como la distribución de los ambientes no era habitual, Julio disuelve la intriga, “Esto era un clínica antes” —dice. Lo cierto es que si bien los muebles, útiles y enceres deben mantenerse en perfecto estado de conservación, higiene y pintura (Art. 88º, Decreto 3280/90) lucía como un lugar usurpado.
¿Tenes muchos abuelos? —preguntamos. “Tengo 30 abuelos y tengo pa´ poner más” —responde Julio, quien relató que el lugar tenía un total 60 habitaciones. Solo ante la cantidad de habitaciones ocupadas faltaba personal ya que debía contar con cinco auxiliares de enfermería y cuatro mucamas (Art. 72º, Decreto 3280/90).
¿Tenes muchos abuelos? —preguntamos. “Tengo 30 abuelos y tengo pa´ poner más” —responde Julio, quien relató que el lugar tenía un total 60 habitaciones. Solo ante la cantidad de habitaciones ocupadas faltaba personal ya que debía contar con cinco auxiliares de enfermería y cuatro mucamas (Art. 72º, Decreto 3280/90).
Fuimos a la Guardería para hablar de los valores para internar a un abuelo. Era uno de esos días en que se siente mucho más el calor y el dispenser de agua —ubicado en el pasillo— no funcionaba correctamente, no enfriaba. Ante el vaso con agua tibia recibido, Julio nos lleva a la cocina para canjearlo por otro pero con agua fría. En la cocina hay dos empleadas, las únicas que vimos. “Hasta las cuatro están en su recreo” —se adelanta Julio como si debiera justificar la secuencia de mateada.
Volvimos a la Guardería. “Te digo los servicios que tengo por el momento, es un control médico. Tres veces a la semana” —cuenta Julio. La internación te salé sin medicamentos ni pañales $ 2.800 pero aclara, “para vos” —a modo confidencial.
¿Algunos lugares ofrecen medicamentos? —preguntamos. "Si vos queres te los compramos, lo que pasa es que después hay más problemas… por ahí un día no te los traen. Nosotros Lotrial tenemos cajas que nos dan los médicos de acá, las tenemos ahí, se los damos al que realmente necesita" —responde. Pero no es la opción que él quería que eligiéramos.
Antes de retirarnos, conocimos a Ariel, el dueño. Ante la pregunta por su acento, nos cuenta que es de Puerto Rico y nos da su tarjeta personal. Ahí descubrimos que el lugar ahora se llama Residencia Geriátrica El Caminante.
“Vamos a hacer una excepción, $2.500 por este mes” —responde el dueño ante la consulta improvisada del encargado que nos quería tener como clientes. Pero nada cambió, porque al igual que en aquel informe televisivo, el geriátrico continua mostrando irregularidades.
“Vamos a hacer una excepción, $2.500 por este mes” —responde el dueño ante la consulta improvisada del encargado que nos quería tener como clientes. Pero nada cambió, porque al igual que en aquel informe televisivo, el geriátrico continua mostrando irregularidades.
Continúa en La Prosperidad (1)










