Después del voraz incendio del viernes pasado en el supermercado mayorista Los Primos de Gonzalez Catán, se abre otra puerta...
Suele suceder que a partir de una noticia determinada se desprenda otra, totalmente diferente que abre muchas puertas y llena de interrogantes. Es decir, en una noticia hay dos o más noticias. Primera nota...
Voraz incendio en González Catan
El pasado 25 de enero, en horas de la madrugada un voraz incendio destruyó las instalaciones del supermercado mayorista Los Primos. El fuego, que está controlado, consumió las instalaciones del depósito ubicado en el kilómetro 32 de la ruta 3. Evacuaron las viviendas cercanas y hasta el momento no se registraron heridos.
Un incendio se desató en las últimas horas de ayer en un supermercado mayorista de González Catan. El fuego fue controlado pero aún no extinguido y, según indicaron los bomberos de la localidad, seguirán realizando tareas de remoción de escombros durante el día. Hasta el momento no se registraron heridos.
Todo comenzó ayer, pasadas las 22.30, en el supermercado mayorista “Los Primos” —ubicado en el kilómetro 32 de la ruta 3— donde 20 dotaciones, con refuerzos de los bomberos de Tres de Febrero, San Martín, San Miguel, Morón e Ituzaingó combatieron las llamas. Además, por seguridad, evacuaron las casas linderas.
Dentro del mayorista se escucharon explosiones, pero los bomberos explicaron que eran aerosoles. “No hay heridos y solo fueron evacuadas las viviendas vecinas por precaución”, comentaron.
El fuego prácticamente destruyó el lugar, consumiendo todo lo que se hallaba en su interior, también el techo parabólico de chapas y fue tan grande su intensidad que logró deformar las gruesas vigas de hierro que soportan la estructura. Los Clark de la empresa fueron utilizados para derribar las numerosas persianas metálicas con el fin de que los bomberos pudieran entrar y continuar su tarea adentro del lugar.
Por razones de seguridad fue desviado el tránsito de la Autovía de la Ruta 3, mano a Cañuelas y además, para que pudieran operar sin inconvenientes los bomberos y otras unidades oficiales. Según los partes oficiales no hubo heridos de ningún tipo. Intervinieron en el incendio varias dotaciones y camiones cisternas de los Bomberos Voluntarios de La Matanza, Cuartel Central, Cuarteles de Virrey del Pino y González Catan. Pero la intensidad del fuego fue de tal magnitud que se requirió la presencia de otros Cuerpos de Bomberos y es así que arribaron para colaborar varias dotaciones y equipos cisternas de los Bomberos Voluntarios de Merlo, de Morón, de Hurlingham, de San Martín, de Tres de Febrero y otras unidades de rescate.
Asimismo estuvieron presente personal y unidades de la Dirección de Defensa Civil y ambulancias del Municipio de La Matanza. Fue destacado el despliegue y tarea desarrollada por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, de las Comisarías de González Catan, Virrey del Pino, Villa Dorrego, Gregorio de Laferrere, de la Departamental de La Matanza, Cuerpo de Infantería y Policía Municipal.
Asimismo estuvieron presente personal y unidades de la Dirección de Defensa Civil y ambulancias del Municipio de La Matanza. Fue destacado el despliegue y tarea desarrollada por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, de las Comisarías de González Catan, Virrey del Pino, Villa Dorrego, Gregorio de Laferrere, de la Departamental de La Matanza, Cuerpo de Infantería y Policía Municipal.
Según fuentes allegadas a la investigación del siniestro, en el supermercado Los Primos habría mercadería comprada a los denominados “piratas del asfalto” y explicaron que “estábamos esperando que libren una orden de allanamiento porque la mercadería en cuestión había sido marcada previamente y queríamos desarticular a toda la banda. Hace meses que venimos trabajando para desarticular esta banda de delincuentes”.
Según los uniformados, “el supermercado compraba regularmente mercadería a los piratas del asfalto, esta banda trabajaba principalmente en la zona de La Matanza” y agregaron que “fue grande nuestra sorpresa cuando estábamos por realizar el allanamiento se produjo el siniestro que destruyó todas las pruebas. Realizamos las indagaciones de rigor y nos encontramos que un magistrado, que le dicen Turco, sería una de los socios del Supermercado Los Primos y esta relación data de hace mucho tiempo”.
Los uniformados (que se identificaron ante NCO pero solicitaron que no publiquen sus nombres) remarcaron que “nos resulta sumamente extraño que justo cuando estábamos por realizar el allanamiento se incendie y más sorprendente es que este personaje sea socio de la empresa. También resulta altamente sospechoso que el Gato con Botas (un alto funcionario del cuerpo de bomberos de de la Policía de Buenos Aires al que llaman Gato con Botas porque usa regularmente este tipo de calzado) ordene, a su segundo al mando, realizar personalmente el informe pericial del siniestro para determinar si el mismo fue intencional u accidental.
Este comisario esta siendo investigado por la oficina de Asuntos Internos de la Policía por varias denuncias relacionadas con la venta de los certificados antisiniestrales a boliches bailables”.
También aclararon, que el Turco, supuesto asociado al supermercado incendiado, tendría algo que ver con la causa porque los dueños del negocio siniestrado habrían presentado una demanda por reclamación de seguro, es por eso, que la participación del Gato con Botas se convertiría en necesaria para confirmar que el incendio no fue premeditado, sino que se trato de “lamentable accidente”
Un Juez particular
El Turco es un magistrado bien conocido en La Matanza por su relación personal con policías de la bonaerense.
Al Turco se le conocen innumerables anécdotas, todas verdaderas, pero la más famosa es aquella que pasó en Ramos Mejía.
Una tarde en verano —no diremos el año para no comprometer a los policías— ocurrió un enfrentamiento armado. Dos delincuentes trataron de asaltar un comercio cuando fueron sorprendidos por dos policías que se desplazaban en un móvil. El enfrentamiento no duro más de cinco minutos, como consecuencia, un delincuente fue abatido y el otro gravemente herido que luego falleció en el hospital.
No habían pasado quince minutos de aquella balacera, cuando en la escena del crimen apareció una persona a los gritos, en completo estado de ebriedad —aunque muchos dicen, borracho y algo más— cuando alguien intentó pararlo, el oficial que se encontraba a cargo lo reconoció en el momento. No era ni más ni menos que el Turco quién en ese día su juzgado se encontraba de turno. El juez que ni siquiera podía mantenerse en pie, era teóricamente el encargado de investigar ese enfrentamiento.
El Turco se dirigió hacia donde yacía el abatido y observó el revolver Magnum 357 plateado que a dos metros del muerto se encontraba. Enseguida preguntó quiénes habían dado muerte al delincuente. Los policías entre los nervios y el susto, se presentaron y dieron su versión de los acontecimientos. Al juez no le importaba mucho el relato de los uniformados, sólo miraba el arma.
La sorpresa fue mayúscula cuando escucharon al juez decir estas palabras: ”Ese fierro yo no la tengo”. Como si se tratara de una figurita, recoge el revolver y se lo pone en la cintura y mirando al oficial, le ordenó poner otra pistola. En dos palabras le reclamó que pongan “un perro”.
El oficial, a cargo, le pidió por favor que regrese nuevamente el arma de donde la había retirado, a lo que el juez se negó, retirándose del lugar con el arma del muerto. Horas después de estos acontecimientos el jefe regional La Matanza, el secretario del juzgado de turno y un grupo de policías, luego de buscar intensamente por casi todo el Distrito, dieron con el magistrado en un cabaret de la zona de San Justo pudiéndole sacar entre tres efectivos —se negaba— el Magnum 357 plateado que le había sustraído al delincuente abatido esa misma tarde.
NCO
Una tarde en verano —no diremos el año para no comprometer a los policías— ocurrió un enfrentamiento armado. Dos delincuentes trataron de asaltar un comercio cuando fueron sorprendidos por dos policías que se desplazaban en un móvil. El enfrentamiento no duro más de cinco minutos, como consecuencia, un delincuente fue abatido y el otro gravemente herido que luego falleció en el hospital.
No habían pasado quince minutos de aquella balacera, cuando en la escena del crimen apareció una persona a los gritos, en completo estado de ebriedad —aunque muchos dicen, borracho y algo más— cuando alguien intentó pararlo, el oficial que se encontraba a cargo lo reconoció en el momento. No era ni más ni menos que el Turco quién en ese día su juzgado se encontraba de turno. El juez que ni siquiera podía mantenerse en pie, era teóricamente el encargado de investigar ese enfrentamiento.
El Turco se dirigió hacia donde yacía el abatido y observó el revolver Magnum 357 plateado que a dos metros del muerto se encontraba. Enseguida preguntó quiénes habían dado muerte al delincuente. Los policías entre los nervios y el susto, se presentaron y dieron su versión de los acontecimientos. Al juez no le importaba mucho el relato de los uniformados, sólo miraba el arma.
La sorpresa fue mayúscula cuando escucharon al juez decir estas palabras: ”Ese fierro yo no la tengo”. Como si se tratara de una figurita, recoge el revolver y se lo pone en la cintura y mirando al oficial, le ordenó poner otra pistola. En dos palabras le reclamó que pongan “un perro”.
El oficial, a cargo, le pidió por favor que regrese nuevamente el arma de donde la había retirado, a lo que el juez se negó, retirándose del lugar con el arma del muerto. Horas después de estos acontecimientos el jefe regional La Matanza, el secretario del juzgado de turno y un grupo de policías, luego de buscar intensamente por casi todo el Distrito, dieron con el magistrado en un cabaret de la zona de San Justo pudiéndole sacar entre tres efectivos —se negaba— el Magnum 357 plateado que le había sustraído al delincuente abatido esa misma tarde.
NCO

