Geriátricos: la otra Caja de Pandora que nadie quiere abrir. Coimas y denuncias en medio de serias irregularidades
¿La basura… donde tiene que estar?
En Ramos Mejía, al 133 de la calle Laprida, hay una casa con un gran jardín que se pierde entre las demás de la cuadra, pero los denuncias indican que allí funciona un geriátrico y que además, Martín & Martin retira —siempre circulando en contramano— la basura del lugar, incluido los residuos patógenos.
Pasadas las 3.00 de la madrugada, a metros de la cabina de vigilancia situada en la intersección de las calles Laprida y Belgrano, un vecino simula ser el cuidador de la cuadra y leyendo el diario espera —cámara en mano— que llegue el camión recolector de residuos de Martín y Martín.
En la esquina, previamente, un joven caminando había dejado una montaña de bolsas que había retirado de los cestos y veredas del barrio. Tal como había sido relatado por algunos frentistas, el camión compactador circula en contramano por Avenida Rivadavia e ingresa del mismo modo, por la calle Laprida hasta detenerse en la intersección con la calle Belgrano, esquina donde las docenas de bolsas de residuos apiladas esperan.
Dos recolectores comienzan a retirar las bolsas mientras el tercero da indicaciones al conductor y analiza desconfiado la situación.
¿Qué onda, vieja? —pregunta
¿Todo bien? —responde con una pregunta el vecino
¿Todo piola? —contesta el recolector con otra pregunta
Por ahora… —aclara el vecino.
El recolector saca del costado de la pala del camión un botella de cerveza Quilmes y convida al vecino.
Vamos bien—contesta el vecino, quien acepta sorprendido por la situación, beber un poco de cerveza.
Nos vemos, Tigre—se despide el recolector tras recibir su botella.
Suerte —le desea el vecino
Durante el breve dialogo, el camión recolector continuó su marcha en contramano y se detuvo —tal como había sido denunciado—frente a Laprida 133. El recolector va tras el camión para continuar su labor.
Un recolector conversa por el portero de Laprida 133 y se abre el portón. Inmediatamente ingresan los recolectores y retiran —en varios viajes— bolsas de consorcio bien pesadas. Llamativamente, al menos una de las bolsas, regresa vacía al geriátrico de la mano de uno de los recolectores.
El hecho abre la sospecha sobre el tratamiento de los residuos patógenos en el lugar. “Che, hay que pedirle la plata”, grita uno de los trabajadores de Martín y Martín.
En una breve conversación entre el falso hombre de vigilancia y uno de los recolectores, el trabajador de Martín y Martín reconoce que el lugar es un geriátrico.
¿Y por qué entran? —pregunta el vecino.
No preguntes, ¿qué onda vos? —aconseja y pregunta a la vez el recolector.
El camión continuó su marcha en contramano por la calle Laprida, llevaba en su costado la leyenda: “Trabajamos por un Partido más limpio. Matanza Avanza”
La Ley 11.347 de residuos patogénicos reglamenta la generación, manipuleo, transporte, tratamiento y disposición final ambientalmente sustentable de ese tipo de residuos. Entre sus artículos indica que todo generador de residuos patogénicos deberá asegurar el adecuado tratamiento, transporte y disposición final de tales residuos, ya sea que lo haga por sí o por terceros.
Días después, visitamos el lugar. Al ingresar, a los pocos metros, un cartel en madera recostado sobre el pasto dice simplemente Los Robles, pero es una residencia geriátrica nos confirman en la puerta unos abuelos que se retiraban.
Para internar un masculino no había disponibilidad pero la empleada nos cuenta los servicios que ofrecen. “El médico viene dos veces por semana, hay profesor de juegos, de gimnasia, pedicura, peluquera y enfermería las 24 horas del día. Tenemos dos comedores, uno que es para residentes lúcidos y el otro para demenciados. En el fondo, ofrece un gran parque. La residencia no tiene régimen de visita pero piden que se respete el “horario de siesta” que es de 1 a 3 de la tarde porque las habitaciones son de dos y tres camas.”.
En la esquina, previamente, un joven caminando había dejado una montaña de bolsas que había retirado de los cestos y veredas del barrio. Tal como había sido relatado por algunos frentistas, el camión compactador circula en contramano por Avenida Rivadavia e ingresa del mismo modo, por la calle Laprida hasta detenerse en la intersección con la calle Belgrano, esquina donde las docenas de bolsas de residuos apiladas esperan.
Dos recolectores comienzan a retirar las bolsas mientras el tercero da indicaciones al conductor y analiza desconfiado la situación.
¿Qué onda, vieja? —pregunta
¿Todo bien? —responde con una pregunta el vecino
¿Todo piola? —contesta el recolector con otra pregunta
Por ahora… —aclara el vecino.
El recolector saca del costado de la pala del camión un botella de cerveza Quilmes y convida al vecino.
Vamos bien—contesta el vecino, quien acepta sorprendido por la situación, beber un poco de cerveza.
Nos vemos, Tigre—se despide el recolector tras recibir su botella.
Suerte —le desea el vecino
Durante el breve dialogo, el camión recolector continuó su marcha en contramano y se detuvo —tal como había sido denunciado—frente a Laprida 133. El recolector va tras el camión para continuar su labor.
Un recolector conversa por el portero de Laprida 133 y se abre el portón. Inmediatamente ingresan los recolectores y retiran —en varios viajes— bolsas de consorcio bien pesadas. Llamativamente, al menos una de las bolsas, regresa vacía al geriátrico de la mano de uno de los recolectores.
El hecho abre la sospecha sobre el tratamiento de los residuos patógenos en el lugar. “Che, hay que pedirle la plata”, grita uno de los trabajadores de Martín y Martín.
En una breve conversación entre el falso hombre de vigilancia y uno de los recolectores, el trabajador de Martín y Martín reconoce que el lugar es un geriátrico.
¿Y por qué entran? —pregunta el vecino.
No preguntes, ¿qué onda vos? —aconseja y pregunta a la vez el recolector.
El camión continuó su marcha en contramano por la calle Laprida, llevaba en su costado la leyenda: “Trabajamos por un Partido más limpio. Matanza Avanza”
La Ley 11.347 de residuos patogénicos reglamenta la generación, manipuleo, transporte, tratamiento y disposición final ambientalmente sustentable de ese tipo de residuos. Entre sus artículos indica que todo generador de residuos patogénicos deberá asegurar el adecuado tratamiento, transporte y disposición final de tales residuos, ya sea que lo haga por sí o por terceros.
Días después, visitamos el lugar. Al ingresar, a los pocos metros, un cartel en madera recostado sobre el pasto dice simplemente Los Robles, pero es una residencia geriátrica nos confirman en la puerta unos abuelos que se retiraban.
Para internar un masculino no había disponibilidad pero la empleada nos cuenta los servicios que ofrecen. “El médico viene dos veces por semana, hay profesor de juegos, de gimnasia, pedicura, peluquera y enfermería las 24 horas del día. Tenemos dos comedores, uno que es para residentes lúcidos y el otro para demenciados. En el fondo, ofrece un gran parque. La residencia no tiene régimen de visita pero piden que se respete el “horario de siesta” que es de 1 a 3 de la tarde porque las habitaciones son de dos y tres camas.”.
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