Que tal amigos! Esto es: "Deportes en el Reeecuerdo" Hoy hablaremos de la diáspora radical y la debacle partidaria...
Terminaba el año 2003, y el diario NCO prepara su Anuario con lo más detacado del año y los radicales, como siempre, iban a sobresalir entre los artículos y no justamente por...
Vildaña: ¿Sabés cuando Caprino miente?
Molfino: No...
Vildaña: Cuando mueve los labios...
Molfino: Che, hablando de Atencio ¿y vos sabes como se llama a un concejal corrupto?
Vildaña: La verdad que no...
Molfino: Concejal...
Bueno Vildaña, sigamos. En ese annus que la tierra dio una vuelta más alrededor del sol, los radicales protagonizaron otro de sus capítulos nefastos que derivaron en su decadente presente. Recordemos un poco su historia...
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| Solano y Atencio. Ensalada de radicheta |
Vildaña: ¿Sabés cuando Caprino miente?
Molfino: No...
Vildaña: Cuando mueve los labios...
Molfino: Che, hablando de Atencio ¿y vos sabes como se llama a un concejal corrupto?
Vildaña: La verdad que no...
Molfino: Concejal...
Bueno Vildaña, sigamos. En ese annus que la tierra dio una vuelta más alrededor del sol, los radicales protagonizaron otro de sus capítulos nefastos que derivaron en su decadente presente. Recordemos un poco su historia...
Negocios baratos de un radicalismo obsecuente
Un partido que en La Matanza se caracterizaba por ser la oposición en minoría contra un peronismo siempre triunfante, se convirtió en los últimos cuatro años en el sector más fácil de comprar por parte del oficialismo. ¿Los responsables?: dos concejales manejados al antojo del gobierno municipal y dirigentes complacientes y tibios que ampararon la destrucción de la UCR.
Las maniobras en el bloque radical fueron encabezadas a lo largo de 2003 por la edil Silvia Caprino que dio cuerpo a una organización dedicada a cobrar favores con nombramientos y planes de empleo. Su desgastado compañero de banca, el veterano Roberto Rossi favoreció con su discurso los intereses del sector llegando hasta a llamar a votar a favor de Alberto Balestrini.
En enero de este año, se conoció uno de los primeros cobros de los radicales. Es que el 20 de noviembre de 2002 los concejales Silvia Caprino y Roberto Rossi junto a los frepasistas Herminio Bayón y Eduardo Gladysz y la edil del Frente para el Cambio Ana De Valle se mantuvieron reunidos durante varias horas con el intendente de La Matanza.
El objetivo del oficialismo era que la pseudo-oposición diera el quórum necesario para lograr destituir al conejal Raúl Mathiú de la presidencia del Concejo Deliberante ante un justicialismo diezmado que impedía la movida. Fue así que los representantes de bloques minoritarios se sentaron en sus bancas y descaradamente apoyaron ‘el golpe’ aunque sin votar la resolución.
Tiempo después se conoció que en el Municipio se hicieron pases a planta permanente de un elevado número de empleados. Eran Susana Rodríguez, la más estrecha colaboradora de Rossi; Sergio Rauch, yerno del concejal radical; un militante de La Tablada también alineado al edil; Matías Spain, hijo mayor de Silvia Caprino; Eduardo “El Cóndor” Alvarez, fiel colaborador de la concejal; y los militantes Enrique Albarrán, José Solaro, Jorge Paz, Rafael Villagra, Rosendo Barcat, Aldo Conforto y Hugo Fridsan.
Cobrar un sueldo
sin trabajar
En junio de 2003, el Diario NCO sacó a la luz una turbia maniobra mediante la cual los concejales radicales lograron abultar sus dietas. Se trataba del nombramiento de “empleados fantasmas”: personal que no conocía su supuesto lugar la trabajo y una vez al mes cobraba su sueldo en un dinero que iba a parar a los bolsillos de los ediles.
La trama se habría originado allá por el año 2001, cuando Luis Rolando Lata ocupaba el cargo de secretario en el Concejo Deliberante. En una reunión en la oficina privada del intendente Alberto Balestrini entre el jefe comunal, Lata y los presidentes de los diferentes bloques de ediles -Herminio Bayón, Fernando Espinoza y Roberto Rossi-, el acuerdo habría dado vía libre a los ediles para implementar el sistema.
Hasta ese entonces los integrantes del legislativo local cobraban un sueldo que no superaba los 1100 pesos, incluyendo un descuento que se había realizado por la situación de crisis socio-económica que vivía -y vive- el distrito y los aportes partidarios. Fue entonces cuando se concretó el novedoso sistema y en el bloque de la Unión Cívica Radical se hicieron nombramientos de empleados que ni siquiera conocían sus oficinas.
Uno de los casos fue el de Martín Gallo, un empleado de Silvia Caprino a quién nadie conocía. Se trataba de un gestor que reside en la ciudad de Ramos Mejía, en un departamento ubicado sobre la calle Escalada, a pocos metros de la Avenida Rivadavia.
Fue nombrado como empleado de la concejal con una categoría 10 lo que representaría un sueldo estimado en 380 pesos. Las horas extras incrementaban esa suma llevándola a unos 1300 pesos.
Otro de los casos involucró a Blanca Elisa Muñoz, la esposa del concejal Roberto Rossi. Ella también figuraba como empleada radical pero los empleados de Rossi nunca la vieron desempeñar alguna función en las oficinas del bloque.
“Ella tenía un sueldo de más de mil pesos -confió por ese entonces una ex empleada del bloque de la UCR-, yo le daba el recibo a Rossi y él lo escondía pero nunca la vimos trabajar en la oficina”.
Daniel Yasky era uno de los pocos que conocía la metodología. Este era uno de los asesores del bloque que más tarde fue despedido sin motivo aparente junto a otra colaboradora de nombre Cristina Guarino.
Yasky consideró que fue despedido porque la concejal “quería asegurarse su último año de mandato con gente de mucha confianza, con afinidad extrema” y confirmó que Martín Gallo figuraba en la lista de trabajadores del bloque de concejales radicales pero “nunca pasó por la oficina. Se sabía que cobraba -dijo-, íbamos a buscar el recibo y el cobro lo hacía el hijo de Silvia (Caprino), pero el empleado no trabajó nunca”.
Daniel Yasky reveló también que Gallo ingresó al HCD con una categoría 10, “pero el sueldo era de alrededor de 1300 pesos” porque se realizaba una abultada carga de horas extras. Los ex empleados de Caprino coincidían en que la plata iba a parar a los bolsillos de la concejal.
En el último año, Silvia Caprino utilizó su cupo “extra” de nombramientos en la Municipalidad de La Matanza -además de planes sociales destinados a familias desocupadas-, para beneficiar a los integrantes de su familia y su equipo de trabajo.
En el reparto de los subsidios, que dijo “no” manejar, la edil comenzó con su empleada doméstica María Florentina Mansilla.
Caprino también priorizó a los amigos de su hijo Matías Spain a la hora de la repartija: en la lista de beneficiarios de subsidios aparecieron Jorge Orbe Sotelo, Carolina Rosatto, Romina Olano, Fernando Alonso Arias y Carlos Alonso Arias.
Tampoco se olvidó de la familia de su más cercano colaborador, Eduardo “el Cóndor” Alvarez, quien gracias a la correligionaria concejal pudo beneficiar a su hermano Ricardo Alvarez.
Otra de las familias beneficiarias de Silvia Caprino fue la de su más fiel y movilizador militante partidario en Isidro Casanova, Enrique Albarrán. Se supo que la esposa, hermanos y sobrinos de éste cobraban planes por 150 pesos. Son Cristina Velázquez, Antonio Albarrán, Eugenia Albarrán, Gastón Romero y Sandra Romero.
La edil radical también “nombró” a quien algunas fuentes mencionaron como su empleado “en negro”, Julio Mansilla, y no se olvidó de su familia.
Los beneficios sociales de Mansilla están muy bien distribuidos, ordenadamente en la localidad de Rafael Castillo, con su esposa, hermanos e hijos: Susana Martínez, Julio Mansilla, Alfredo Mansilla, Antonio Mansilla, Julio Ernesto Mansilla y Ariel Mansilla. Otros dos beneficiarios eran Carlos Solaro y Enrique Solaro, hermano e hijo del empleado de Caprino José Solaro.
Los espurios manejos de los concejales radicales tuvieron la complicidad, por lo menos por omisión de denuncias, de quien en el último tiempo -antes de que asumiera en su lugar Caprino- fuera presidente del partido en La Matanza. Se trata del empresario Héctor Echeverría, a quien siempre se lo vio más preocupado por el resultado de sus negocios inmobiliarios que por detener la suerte de subasta que se llevaba a cabo en el radicalismo.
Con una golpiza detuvieron
una elección
El escándalo se generó el 16 de octubre en la puerta del Comité de Distrito de la Unión Cívica Radical de La Matanza, al cierre del plazo de la presentación de listas para cargos partidarios. El apoderado de la lista 20 -contraria a Caprino-, fue agredido por los ‘colaboradores’ de la concejal que también se postulaba como candidata a presidente del Partido.
Entre los agresores se reconoció a Matías Spain, Enrique Albarrán, José Solaro y Eduardo ‘El cóndor’ Alvarez”. Aunque en un primer momento el hecho fue denunciado en la comisaría de San justo y los dirigentes de la lista opositora amenazaban con pedir la intervención de la UCR en la provincia, todo se arregló horas después y Silvia Caprino pudo lograr su objetivo de conducir los destinos del radicalismo local.
El hecho tenía un antecedente: cuando se decidió que Caprino fuese reemplazada en la presidencia del Bloque en el Concejo Deliberante de La Matanza por el concejal Roberto Rossi, su personal también encabezó una refriega con otros dirigentes de la Unión Cívica Radical y se “acuarteló” en las oficinas del Bloque para no entregar la presidencia.
