viernes, junio 25, 2010

Así no se puede vivir...

La delincuencia ha logrado restringir nuestra vida social y aniquilar a su paso, elementales hábitos cotidianos…


La gente ya no entra el auto en el garaje, sino que prefiere dejarlo en la calle; los semáforos se pasan por alto cuando llega la noche, hay familias que evitan los deliveries por prevención, el timbre del casa se toca de manera codificada o se hace previamente un llamado por celular estando a metros del lugar, los barrios se vaciaron de chicos, y de bicis (además no hay plazas cercas), las parejas renunciaron a su intimidad y ya no "conversan" en el auto al final de una cita... y un plus sólo para los que disponen de dinero, blindan y polarizan más los vehículos.


No es todo: la sensación de indefensión muestra su contracara más triste en la proliferación de cercos electrificados en áreas residenciales. También lujosas casas se olvidaron de la estética para poner brutos alambres con púa en las medianeras…


La inventiva está al orden del día, como colocar muñecos en terrazas, balcones o detrás de ventanales estratégicamente iluminado, con la radio o el televisor prendido, simulando que la casa no está vacía. Otros, guardan un celular extra en el baño, por si son sorprendidos en su casa y son encerrados…


También puede encontrarse en algunas cuadras, vecinos que se han organizado y tienen planes de alerta, como cadenas telefónicas, o contratan a un policía para que en las horas extras recorran sus cuadras…


La ola delictiva que sufre Ramos Mejía, generó una especie de “yo por vos y vos por mi” que hace al instinto de preservación colectiva y cuyo único requisito, es la armónica convivencia entre vecinos frente a un gobierno municipal que es percibido desde hace años, como ausente.


Nadie puede negar que la gente está alterada, nerviosa y vive en perpetuo estado de pánico, desconfiando “de todo y de todos". Pero algo está claro, así no se puede vivir…