Geriátricos: la otra Caja de Pandora que nadie quiere abrir. Coimas y denuncias en medio de serias irregularidades
Todo comenzó luego de que la dueña de un geriátrico denunciara un pedido de coimas para que no le clausuren el lugar. Un recorrido por otros centros de ancianos no sólo mostró irregularidades, sino que develó un mismo mecanismo de presión. El intendente Fernando Espinoza y el titular de la Oficina Anticorrupción estaban enterados del tema. Además, hay una denuncia penal.
Prevenir es una de las principales tareas de un Gobierno Municipal. Evitar que ocurra Cromañón, que funcione Tribilín, o que vuele por los aires una fábrica en Virrey del Pino llevándose consigo varias vidas. Prevenir es controlar sin excusas porque, si el distrito es muy extenso y la gestión no da a basto, entonces, eso quiere decir que el distrito le queda grande a la gestión.
Ese prevenir para no lamentar no distingue de sexos, ideologías, ni edades. En la última etapa de la vida, cuando la relación con la muerte comienza a ser menos odiosa, también es preciso agudizar los mecanismos de prevención.
¿Están controlados todos los geriátricos de La Matanza?, ¿se realiza un seguimiento del funcionamiento de cada uno?, ¿puede cada familia confiar en que su padre o abuelo estará en buenas manos?. La respuesta es escueta y drástica: NO.
El sobre invisible
Elia Viola es administradora del Geriátrico “San Cayetano”, situado en Eizaguirre 986 de San Justo. El 2 de noviembre del año último, seis inspectores clausuraron el lugar por ejercer la actividad sin la correspondiente habilitación, hasta ahí una decisión acertada de los empleados municipales.
Empero la historia había empezado tiempo atrás. Días antes de la clausura, Elia Viola se acercó hasta las oficinas que el Municipio posee en el tercer piso de en Irigoyen 2562. La mujer quería que alguien escuchara su historia, quería contar que la inspectora Adriana Noemí Vallades (Legajo N° 5.111) venía realizando llamativas y “reiteradas visitas” al lugar “sin intención alguna de controlar y/o supervisar la documentación y/o el funcionamiento integral del geriátrico”.
La administradora de San Cayetano denunció que Vallades, en sus reiteradas visitas, “se negó a controlar libros y documentación” y “recorrer el lugar”. Parecía estar interesada sólo en hablar con los dueños. Fueron tres meses de visitas reiteradas, explicaría Viola después.
Fueron varios los intentos de la mujer por hablar con alguna autoridad municipal. Si respuesta, pide hablar con Vallades para que le informe sobre las sucesivas visitas que recibida en el Hogar. La inspectora la invitó a continuar la charla en el Tokio Pizza & Bar, de Arieta e Irigoyen, donde le habría realizado la incómoda pregunta: “¿Cómo arreglamos esto?”. La idea de la inspectora era llegar a “un arreglo de 15 mil pesos” y para eso también se habría hecho presente el inspector Marco Aurelio Mansilla (Legajo N° 20.530).
Días después, la administradora del geriátrico volvió a las oficinas de Control Comunal y fue atendida por Vallades. La inspectora la deriva al despacho del “jefe general de inspectores” —así lo identificó—, pero el secretario le sugirió solucionar su problema con la propia inspectora. Ese día se generó una fuerte discusión con Vallades en medio de su negativa a abonar el dinero supuestamente solicitado. La siguiente medida fue la clausura del Hogar de abuelos San Cayetano.
Un minucioso detalle de cada situación fue relatado por Elia Viola en tres oportunidades: una carta para el intendente Fernando Espinoza, donde se pidió un sumario para Vallades, una denuncia penal contra la inspectora, y una presentación en la Oficina Anticorrupción de La Matanza a cargo de Miguel Ángel Bruno. En ninguno de los casos, hubo respuesta. Hace ya tres meses que todas las partes están enteradas.
Empero la historia había empezado tiempo atrás. Días antes de la clausura, Elia Viola se acercó hasta las oficinas que el Municipio posee en el tercer piso de en Irigoyen 2562. La mujer quería que alguien escuchara su historia, quería contar que la inspectora Adriana Noemí Vallades (Legajo N° 5.111) venía realizando llamativas y “reiteradas visitas” al lugar “sin intención alguna de controlar y/o supervisar la documentación y/o el funcionamiento integral del geriátrico”.
La administradora de San Cayetano denunció que Vallades, en sus reiteradas visitas, “se negó a controlar libros y documentación” y “recorrer el lugar”. Parecía estar interesada sólo en hablar con los dueños. Fueron tres meses de visitas reiteradas, explicaría Viola después.
Fueron varios los intentos de la mujer por hablar con alguna autoridad municipal. Si respuesta, pide hablar con Vallades para que le informe sobre las sucesivas visitas que recibida en el Hogar. La inspectora la invitó a continuar la charla en el Tokio Pizza & Bar, de Arieta e Irigoyen, donde le habría realizado la incómoda pregunta: “¿Cómo arreglamos esto?”. La idea de la inspectora era llegar a “un arreglo de 15 mil pesos” y para eso también se habría hecho presente el inspector Marco Aurelio Mansilla (Legajo N° 20.530).
Días después, la administradora del geriátrico volvió a las oficinas de Control Comunal y fue atendida por Vallades. La inspectora la deriva al despacho del “jefe general de inspectores” —así lo identificó—, pero el secretario le sugirió solucionar su problema con la propia inspectora. Ese día se generó una fuerte discusión con Vallades en medio de su negativa a abonar el dinero supuestamente solicitado. La siguiente medida fue la clausura del Hogar de abuelos San Cayetano.
Un minucioso detalle de cada situación fue relatado por Elia Viola en tres oportunidades: una carta para el intendente Fernando Espinoza, donde se pidió un sumario para Vallades, una denuncia penal contra la inspectora, y una presentación en la Oficina Anticorrupción de La Matanza a cargo de Miguel Ángel Bruno. En ninguno de los casos, hubo respuesta. Hace ya tres meses que todas las partes están enteradas.
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